La Roja sufre un feo traspié a días del debut en la Confederaciones

Chile cerró su preparación para la Copa Confederaciones con una inesperada derrota por 3-2 ante Rumania en Cluj. Tal como ante Rusia el viernes, la Roja duró sólo el primer tiempo, y luego fue sorprendido por un rival limitado, y que aparecía en el papel como un telonero. Una señal de advertencia a días de enfrentar a Camerún en Moscú.

Durante el tiempo que mantuvo la concentración, la Roja se puso por delante y barrió al rival. Después perdió el hilo, cometió errores infantiles y revivió el triste recuerdo del amistoso previo al Mundial de 1982 en Santiago. Es cierto que el resultado no es lo más relevante en los partidos amistosos, sin embargo, cuando se enfrenta a rivales inferiores, el triunfo se convierte en el piso mínimo sobre el cual trabajar.

Lo peor para La Roja es que el inicio fue impecable. Brillante. El primer gol de Eduardo Vargas, tras asistencia de Alexis Sánchez, le permitió al delantero cortar una larga racha sin anotar en la Roja y confirmar su lugar en el ataque. Y minutos después, Leonardo Valencia decretó el 2-0 tras definir una gran jugada asociada que pasó antes por Mena y Vargas.

Era el momento donde todo le funcionaba a la Roja. Donde no se extrañaba a Vidal, Beausejour o Isla, y Johnny Herrera demostraba con una tapada formidable a Hanca estar preparado para reemplazar a Bravo. Era el momento donde el amistoso nos servía, y se jugaba al ritmo que Chile dictaba, sin importar la ausencia de algunos titulares importantes.

Pero de a poco la sensación fue cambiando. A la tapada de Herrera, se sumó un gol increíble que se perdió Rumania debajo del arco. Y Cuando Stancu tomó la pelota y la clavó en el ángulo no era raro que hubiese llegado el empate. Chile se lo había buscado. Se había dormido.

La expulsión de Medel fue el reflejo de ese tiempo gris que Pizzi deberá revisar. El capitán de Chile recibió la roja por un golpe sin pelota, y sin él, los problemas en defensa se acentuaron. Los ingresos de Vidal, Isla y Silva no mejoraron el rostro, ni aportaron algo más. La igualdad de Stanciu con un disparo inatajable abrió más dudas al inicio del complemento.

A partir del 2-2 vino el momento más incómodo para Chile. Pese a tener en cancha a Alexis y Vidal, el equipo no era capaz de retomar el ritmo de la primera parte. Peor aún, lanzado al ataque, sufría cada vez que Rumania se acercaba al arco de Herrera. Una fragilidad que quedó manifiesta a siete minutos del final, cuando Baluta aprovechó un rebote del arquero chileno y selló una remontada tan increíble, como esperable. Se podría haber dado antes.

Quedaban minutos pero la selección no se levantó más. No había ganas, ni fútbol, y pareció que todo lo que ocurría en cancha era un trámite evitable, un partido innecesario. La Roja cerró su preparación con una caída en Cluj, y la única buena noticia es que aún está a tiempo de retomar el rumbo.

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